Buenas tardes vecinos. Solo una cosa les quiero decir. Cinco minutos y los dejo ir. Tal vez a sus departamentos. Tal vez no. Les exijo que cuando hagan las compras, en el supermercado chino de acá a la vuelta, o en otro negocio del barrio, no compren más bolsas de consorcio de las negras. Por favor. Cada vez que salgo a pasear a mi perro, por la mañana bien temprano y las veo, siento unas terribles ganas de llorar. Las lágrimas están ahí, intentando salir, pero no las dejo, quizás por miedo a perder la dignidad barrial. Siento ganas de encerrarme en mi casa y no salir más. De dejar de trabajar. De no tejer nunca más un chalequito a mis sobrinos. De olvidar todo el amor que siento por mis familiares más allegados. Compren bolsas verdes, azules, o incluso utilicen las blanquitas, las más baratas, las típicas que regalan en cualquier comercio barrial.
Las bolsas negras son tan, tan lúgubres. Tan oscuras, hasta siniestras diría. Son la muerte expresada en nylon. La opresión del mundo concentrada en unos centímetros de polietileno.
Sé que es un esfuerzo ínfimo el que les solicito. Sin embargo, estoy convencida de que las cosas pequeñas son la puerta hacia la felicidad. O al menos la clave para comenzar el día con el pie derecho. Muchas gracias.
teatrapé! ja!
ResponderEliminarObedecer retrospectivamente a la tía Ester es una muy muy linda excusa :)