Había una vez una chica que se llamaba Dora, y un señor que no tenía nombre, porque lo llamaban roedor. Otra chica abrió varios libros verdes y se encontró con ellos. Los conoció más que a sus seres más queridos, supo cada detalle de sus vidas. Aprendió palabras de otra época, y las usó como si fueran "dame 1/4 de milonguitas". Las repite, las anota; de vez en cuando las piensa. Y, si no se le nubla la vista, o le duele la cabeza, o le cosquillea el brazo, se ríe.
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ResponderEliminarjaja, chiste. malo.